La mayoría de las cotizaciones que hay que rehacer es por lo mismo: las medidas venían aproximadas. Tomarlas bien lleva tres minutos y evita el ida y vuelta.
Mida el hueco de la pared, no la ventana vieja. La ventana que está puesta siempre es más chica que el vano, porque va montada dentro. Si nos pasa la medida de la ventana existente, la nueva le va a quedar corta.
Mida el ancho en tres puntos: arriba, al medio y abajo. Y el alto en tres también: izquierda, centro y derecha. Las paredes casi nunca están a escuadra, sobre todo en construcciones con años, y esas tres medidas rara vez coinciden. Pásenos las tres, o al menos la más pequeña, que es la que manda.
Anote si el vano tiene repello o va a llevarlo después. Un centímetro de repello por lado se come dos centímetros de ancho, y esa es exactamente la clase de detalle que hace que una ventana no entre.
Digale al que cotiza para donde da la ventana. No es lo mismo una ventana interna que una que da al viento y a la lluvia de frente: cambia la línea de perfil que conviene y, a veces, el espesor del vidrio.
Y si puede, mande una foto. Una foto del vano con la cinta métrica puesta resuelve más dudas que tres mensajes de texto.
Con eso podemos darle un precio de verdad y no un estimado. Mándenoslo por WhatsApp cuando lo tenga listo.



